Hacerse un Marie Kondo en manchego

 

Admiración profunda a Marie Kondo por dos razones:

1. Se está jartando a vender libros explicando los beneficios de tener la casa limpia y ordenada (esto se lo cuento a mi madre y se descojona en mi cara fijo)

2. Se ha atrevido a decir en voz alta algo que pensaba de pequeña: que las cosas tienen una especia de “vida” y que no debemos maltratarlas. Yo mantenía conversaciones imaginarias hasta con las piedras, así que supongo que entre eso y la tendencia natural a empatizar hasta con objetos inertes, me tengo que tener muy a raya para no caer en un Diógenes de libro.

El caso es que será porque una amiga se lo ha leído (el libro de Marie Kondo, que el blog ya se que se lo lee si ve poca letra) y ha conseguido quedarse con lo que considera importante. O será que los muebles hay que cambiarlos de vez en cuando de sitio, o será que aunque no quiera una parte de mí se está convirtiendo en mi madre y a veces pienso cosas como “joer tira cosas que esto tiene mas mierda que el palo un gallinero” que me están entrando unas ganas de ordenar tirar cosas a mi alrededor importantes, pero ojo cuidao, desde el armario a Casa Lolo. Así estamos por aquí.

Por lo pronto he decidido que me voy a esperar a tener lo que yo llamo “día sin piedad”, que viene a ser sentirme como Uma Thurman en Kill Bill pero en lugar de katana llevo bolsas de basura, y envalentonarme a hacer el reto del armario de la Amoretti, a ver si soy capaz.

Así que si teneis algún truco del almendruco para hacerse un Marie Kondo sin mucho drama, soy toda oídos.

 

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