Las penas con pan, son menos penas

 

De el Parrilla hablo poco, pero a veces hablo. Porque mi padre no es que hable mucho, pero  hacía (y hace, que aunque lo de castigarnos ya no esté vigente, otras muchas son de rabiosa actualidad) cosas como estas:

 

-Castigarnos con levantarnos a las 6 de la mañana a hacer lo que no habíamos hecho por la noche (por ejemplo: fregar los platos). Levantaba a la que no lo había hecho y a otra “para que mirase lo bien que fregaba” (yo me quedaba muy quieta en la cama para que no requiriesen mis servicios como espectadora)

 

-Hasta bien mayor creí que el hotel Arts de Barcelona estaba con esos hierros “porque no lo habían podido acabar…¿no ves que si los quitan se cae?”. Pues yo esto me lo creí hasta que se me ocurrió decirlo en público…y bien grandecita. (por supuesto cuando llegué a casa y lo conté mosqueada, me lo negó)

 

-Un verano con unos veinte años me quise ir de vacaciones con un novio que tenía…misteriosamente esa misma semana me había salido un trabajo de secretaria para trabajar mano a mano con el. Desde entonces admiro a las familias que trabajan juntas y no se matan.

 

-Es el despertador mas efectivo que he tenido en toda mi vida. Alarga la A de Tomasi de una manera que por no oirlo llegaba puntual al trabajo. (Desde que me independicé tengo  cinco alarmas a diferentes horas en el movil).

 

-Cuando está de visita el Lolo pasa a llamarse Manolo. Y si no le hace caso se ofende.

 

-Si por el contrario el Lolo es el que va de visita a su casa pasan a ser amigos inseparables y cada día después de comer mi padre suelta un “me voy con el Lolo que a hacerle compañía”. La visita dura aproximadamente lo que dura una siesta y una película de antena 3. Eso cada día. Super misterioso todo.

 

-Se niega a pagar las multas de tráfico. Y cuando digo que se niega, es que se niega. Las excusas de mi padre con los urbanos ni las cuento porque va a parecer mentira que un señor que tiene ya una edad diga esas cosas…En fin, hace dos semanas aún discutíamos sobre la obligación que tiene de pagar las multas de tráfico por muy injusto que le parezca.

 

Y lo mejor de todo, mi padre no habla mucho pero detecta a la gente y situaciones  tóxicas que da gloria verlo. Y mientras el resto le damos vueltas a algunas cosas de manera muy insistente, él se puede preparar un aperitivo y un quinto mientras suelta un: “pues yo me voy a comer unas gambillas (o un pepino con sal, o un platito jamón, o-lo-que-sea susceptible de llamarse aperitivo) y al que le pese, que reviente”. 

Y oyes, que te lo pega en un momento y te coges otro quinto botellín para acompañarlo. Porque beber en compañía mola mucho mas, y porque con el estómago lleno las cosas se ven diferentes.

Eso es así.

 

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2 comentarios

  1. LaPerez
    16 febrero, 2017

    Recuerdo lo del hotel Arts…Me parto!

    Responder
    • Casa Lolo
      16 febrero, 2017

      Si si, yo recuerdo cuando llegué con el mosqueo en todo lo alto y se me pone en plan: “anda anda, como te voy a decir yo eso…”

      Responder

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