Ya lo pensaré mañana

 

Hay días que se siente una muy Escarlatta O´Hara, vale que no tengo tierras, ni caballos, ni un Tara al que le pueda coger la tierra roja cada vez que me pongo dramática y necesite a Dios como testigo para mis cosas. No tendré todo eso… pero Escarlata me cae bien por muy caprichosa que parezca las primeras dos horazas de película.

Y como no tengo ni una de las cosas que  tiene ella pero si una intensidad importante cuando el asunto lo requiere, pues me pinto las uñas. Concretamente las de los pies y a ser posible de rojo.

¿Porqué? Muy fácil. No me suelo pintar las uñas, así que cuando lo hago se me olvida que lo he hecho. Y me doy sustitos a mi misma. Sustitos en plan: que estoy viendo?! que tengo ahí!? Así que con la decisión de los pies reduzco de manera considerable el número de sustos diarios.Y de rojo porque equivocarse con el rojo es una putada faena, así que todas mis capacidades mentales y motoras las focalizo en un solo asunto: no salirme de la uña.

Que no tendré un Tara (o si, según se mire, lo que con lo que debía ocupar la escalinata de la entrada yo tengo todo el tema de la vivienda solucionado), pero el “mañana será otro día” lo aplico que da gusto verme. Lo que sea que tenga que pensar lo pienso al día siguiente fijo. Lo de las uñas no me deja espacio para mas.

Así que una cosa voy a decir, la próxima vez que invoquéis la figura de Scarlatta en vuestro propio ser (que si no lo habéis hecho aun, probadlo, que tiene su punto) aseguraos de hacerlo bien, que saber desconectar es importante majos.

De verdad de deporte os lo digo (bueno, os lo digo yo y os lo dice el cordobés, que yo nunca me cansaré de esta maravilla)

 

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